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Recibir un masaje: soltar la mente, el cuerpo y abandonar el control. Respirar y estar presente.

La mejor manera de recibir un masaje es estando desnudo. Una mínima cantidad de ropa interior o un bañador entorpecerán su desarrollo e impedirán que llegue hasta ciertos centros musculares importantes. Además, no le proporcionará la sensación de integración total del cuerpo, que es quizás la más grata que produce un masaje completo. La zona genital no se trabaja y siempre estará cuidadosamente tapada con la sábana, al igual que las zonas que no se estén tratando en cada momento. Si quitarse toda la ropa le hiciera sentirse extremadamente nervioso, lleve algo ligero. Después de todo, lo más importante es que usted disfrute de su masaje. Es decir, quítese todo lo que pueda sin dejar de sentirse cómodo. Despréndase también de los anillos, collares, pendientes, anteojos y cualquier cosa que lleve sobre usted. 

La persona que le está dando el masaje le indicará si debe recostarse primero de bruces o de espaldas. Sea como sea, procure que la parte superior de su cabeza quede, más o menos, al mismo nivel que el extremo de la camilla.

Deje descansar los brazos a ambos lados del cuerpo.
Una vez instalado cierre los ojos y concentre su atención en la respiración; ésta lo pondrá en contacto inmediato con todo el cuerpo. Respire por la boca o la nariz. Haga que su aliento tome un ritmo tan largo y suave como le resulte natural, y déjelo fluir hacia la pelvis. Trate de compenetrarse cada vez más del momento presente. Abandónese y deje que sus pensamientos entren y salgan de su mente sin tratar de seguirlos. De este momento en adelante, lo único que tiene que hacer es dejar que se hagan cargo completamente de usted. No trate de "ayudar". Cuando llegue el momento de levantar el brazo, permita que se lo levanten. Cuando sea necesario mover la cabeza, deje que el otro lo haga por usted... Repito: no trate de "ayudar" de ninguna manera. Puede causar una interrupción del flujo relajante del masaje. Mantenga el cuerpo tan flojo como pueda, de manera que, si después de levantar uno de sus miembros, el masajista lo soltara, cayera de inmediato sobre la mesa. 

Desde el momento en que reciba el primer contacto físico, trate de concentrar su atención en él. Esto no quiere decir en absoluto que deba analizarlo o averiguar qué técnica se está usando. Por el contrario, haga un esfuerzo por sintonizar la calidad del contacto de la misma manera como escucharía el sonido de una voz, sin poner atención al significado de las palabras. Al mismo tiempo, continúe consciente de su respiración durante el masaje. Si quiere, imagínese que su espiración fluye hacia la parte del cuerpo que se está masajeando.

Mientras menos se hable durante el proceso, mejor. En un encuentro tan directo con su propio cuerpo, las palabras son sólo una distracción. Sin embargo, siéntase libre de decir si algo le produce molestias o si siente frío, o si, por alguna razón, está incómodo. Asimismo, si durante la sesión tiene deseos de suspirar , hágalo con toda tranquilidad.
Por último, cuando termine, no es necesario que se levante inmediatamente. Quédese un momento relajado con los párpados cerrados y absorba sus sensaciones unos minutos más.

Que lo disfute!


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